
Llamémosles Mr. A y Mr. B, dos gentlemen ingleses que encontramos en el refugio de Spiterstulen. Su acento británico llamó mi atención desde el primer momento e hizo que mi imaginación comenzará a trabajar sin descanso. Al cabo de un rato, ellos se dirigieron a mí y comenzamos a hablar, después de que les contáramos nuestros planes, ellos nos relataron su historia. Se conocieron en la universidad y, en aquel entonces, hicieron un viaje en bicicleta por Europa que les llevó hasta Jotunheimen donde estuvieron andando varios días. Hace dos semanas, cincuenta años después, viviendo uno en Escocia y otro en Inglaterra, quisieron rememorar ese momento, y diario de viaje en mano, recorrieron los lugares de la memoria. En Spiterstulen esperaban a sus respectivos hijos que se unirían a ellos en un par de días para ascender el pico más alto de Noruega, el Glittertind.
En esta ocasión mi imaginación perdió la partida, pero me gusta: hay pocas cosas que duran toda la vida y es bonito encontrarse con alguna de ellas.
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