Otra de las ventajas añadidas que tenía el viaje era que iba en tren, lo cual me daba la oportunidad de disfrutar de uno de esos momentos que tantas alegrías "nos" dan. Claro, que mi tren, no era tren, sino AVE y el "puente areo" Barcelona-Madrid está plagado de grupos de hombres de negocios, pegados a sus blackberrys con conversaciones que a veces me quedan muuuy lejanas y me ponen demasiado nerviosa. Esa fue la ida, yo, que generalmente me caracterizo por observar mucho pero intervenir muy poco, me encontré a mí misma defendiendo a la camarera del AVE ante un hombre que estaba molesto, entre otras cosas, porque era demasiado española... No me pregunteis por qué... No llegué a entenderlo.

Momentos fantásticos e imágenes para el recuerdo hicieron que el viaje de ida a Madrid se me olvidara y que de vuelta a Barcelona disfrutara del paisaje sin cesar.
Y que, incluso, por un instante, fuera la versión alegre de Manuela.
1 comentario:
Te doy la razón Ch, Madrid es una ciudad muy especial, hay que aprovecharla en cada viaje...
Un beso,
P
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